Parte IV
Primero lo primero: Ahogando sueños y desprecios en un usado canuto.
- ¿Que es lo que has hecho?
- Olvidar, dejar atrás matarla en mi mente, intentando ser feliz.
- ¿Porque has venido a mi, después de lo que me hiciste?
- Porque quiero saber que tengo que hacer para ser feliz de una vez por todas.
- ¿Cómo te atrevés a decirme eso? Después de arruinarme la vida, después de matarme en vida. ¿Cómo osas acercarte a mí? Ahora que ella, mi Amor, no esta entre nosotros no podré llegar a la ronda.
- ¡¡Mentira!! No mientas mujer. Ven ahora mismo a la ronda, te lo ordeno.
- ¿Cuándo te vas a dar cuenta de cómo funcionan las cosas? ¿Acaso crees que tienes poder sobre nosotros?
- ¡Yo soy Yo, y te ordeno que vengas a la Ronda ahora mismo!
- Nosotros tenemos poder sobre vos, nosotros te amábamos, pero nos despreciaste, nos escupiste en la cara ¿y ahora nos dices que eres nuestro dueño? Estas muy equivocado.
- Tenés que venir a la Ronda. Nunca estuviste en ella, y por eso sucedió lo que sucedió.
- Nunca voy a estar en la Ronda ya que mi alma y mi mente se disgregaron hace mucho tiempo, ya no tengo la capacidad de ser lo que debo ser.
- ¡Mientes!
- Para que las cosas duren las tenés que cuidar, y ¿Cómo nos cuidaste vos a nosotros? ¿Cómo cuidaste a la única persona que me quería de verdad? ¿Cómo cuidaste a la única persona que me daba esperanza, que me decía que yo iba a ser feliz? ¿Cómo cuidaste a mi Amor?
- La muy puta arruino mi existir, me llevó a lugares muy oscuros a los cuales yo no debía ir. Me engaño, me sedujo con su mentirosa manto diciéndome que todo era posible.
- Lo único que ella quería era que mis labios y mi abrazo descansen en tu cuerpo; pero la maltrataste, la echaste de la Ronda Redonda y no bastando con eso la encerraste en lo más profundo de tu mazmorra para que fuera engullida por el olvido, el falso olvido con el que te ayudas a vivir.
Lo único que ella quería era verte feliz.
- ¡Pero me llevó al horrible dolor!
- Date cuenta de que vos fuiste el que decidió ir hacia él. Date cuenta de que vos sos el culpable.
Mi cuerpo se sentía débil, la mujer que se encontraba cerca de mí me hablaba pero yo no podía escucharla. Tenía la vista ida. Entendía todo lo que pasaba a mí alrededor pero no podía responder.
En un momento ella me agarró de la cara y me empezó a sacudir, mi cuerpo no reaccionaba.
Empezó a hablarme. Entre la niebla de su voz pude comprender dos palabras “¡Mi amor!” así me llamaba ella.
En el momento en el que la escuché llamarme así la odié con toda mi alma y mi ser, la quería ver muerta, me producía asco estar con ella. La odiaba porque ella no tenía ni el rostro ni el alma de la mujer que hace tanto tiempo me abrió las puertas a la jovencita pelirroja.















Comments